Sin yo. Sin nada. Bienvenido al jardín.
En una casa con nombre prestado, un dios de veintiocho años cultiva su microcosmos. Lo llaman Sōsei. Génesis. Es el vértice.
A su derecha, una torre negra con máscara de porcelana. Lo llaman Nonai. Vacío. No come si no lo miran.
A su izquierda, un cordero angelical con cicatrices de plata y un aro dorado en el pecho. Lo llaman Eien. Eterno. Su sangre se renueva cada martes.
Esta es su liturgia. Este es su bucle. No es una historia de amor. Es una historia de hambre.
Génesis · 28 años
Vacío · 29-30 años
Eterno · 25-26 años
«El primer experimento con un nombre fue Nonai.
Antes hubo otros. Cosas sin nombre. Borradores.
Pero Nonai fue distinto.»
Cuando el ritual terminó y el estudiante ruso abrió los ojos por segunda vez, Sōsei sintió algo nuevo. No era alegría. Era validación. El universo le había dado la razón. La muerte era un material moldeable. La voluntad era una herramienta quirúrgica.
Lo llamó Nonai. Sin algo. Vacío. Y el vacío lo miró.
Dos años después, encontró a Eien en una biblioteca universitaria. Un chico delgado, rubio, con ojos azules desteñidos y un libro de astronomía bajo el brazo. Lo convirtió en eterno para alimentar al vacío. Le puso un aro dorado en el pecho como sello de propiedad.
Ahora, en una casa que respira y tiene nombre, el dios, el vacío y el eterno sostienen un bucle de hambre, mirada y obediencia. Esta es su liturgia.
創 世
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Observaciones, hipótesis y pensamientos del dios del jardín. Ordenados cronológicamente.